Síntesis de la historia de Los Cisnes
El testimonio más antiguo de la presencia de seres humanos en la zona, es el hallazgo de Rubén Marinelli de una pieza lítica (mortero) a no mucha distancia al sur del río. Su antigüedad se estima en 5000 años.
Cuando llegan los españoles al Río Cuarto, año 1573, aquí no había asentados indígenas, era un desierto. Coto de caza de los aborígenes, establecidos bastante más al sur. Desde la villa de la Concepción, (después Río Cuarto), en las primeras décadas del 1700 se van estableciendo pobladores a lo largo del río, en la margen norte. Dentro de nuestra jurisdicción, los Tissera en Los Algarrobos.
En 1794 el rey de España, Carlos IV, (teóricamente dueño de todas las tierras que no había dado en merced) le asigna a lo que hasta entonces era el poblado del Sauce, status de Villa. La llama La Carlota en recuerdo de su propio nombre y dispone para sus pobladores de 3 leguas de campo en cada rumbo, desde la plaza. De este cuadrado de 36 leguas (casi cien mil hectáreas), la municipalidad de Río Cuarto que en ese entonces era departamental, dispone vender en 1874 lo que está al norte del río. Lo compra Barreto.
En 1881 la provincia le cede el resto (19 leguas), al Gobierno Nacional, para que establezca dos colonias de 4 leguas cada una. Además en las inmediaciones de la Villa, 400 solares, quintas y chacras. Con lo que sobre, disponen que se fraccione de a legua y media, y se venda para estancias.
Por disposición del Gobierno Nacional, las colonias, Chacabuco y Maipú se crean en 1883. Pero para 1886 sólo había 9 familias en la Chacabuco. Al año siguiente, 20 a 25 en la Chacabuco y gente interesada pero todavía nadie establecido en la Maipú. En 1888 llegan los primeros colonos. Para 1898 son 94 las familias que ocupan totalmente la colonia. Entre ellas la de don Santiago Senn que compra en 1894, al poblador original, 3 concesiones (405 Has.), incluidos los lotes números 56 al 59, donde después se asentaría el pueblo.
En 1891 llegan a La Carlota los dos ferrocarriles. El que iba de Villa María a Rufino y el que venía desde Villa Constitución pasando por Venado Tuerto, y tirando hacia Río Cuarto. La construcción del tramo final (La Carlota-Río Cuarto) se demora, para al fin correr el primer tren el 2 de abril de 1902. Fecha en que Los Cisnes tenía una media docena de casas “mientras en los demás pueblos de la línea no habían siquiera empezado a hacer las hornallas de ladrillos” según cuenta un testigo de la época.
Antes de que pasara el tren, ya don Santiago Senn comienza a delinear un pueblo, en frente de la estación aún sin nombre. Había trazado 10 “manzanos” de 100 por 100 metros, divididos a su vez en 8 solares cada uno. El primero que vende (al menos que escritura) es el que hoy ocupa María Gagnó, enfrente de la Municipalidad. Lo compra Primo Stroppa, según escritura firmada el día 7 de diciembre de 1901 en la escribanía de Severo Cabanillas. Al comprador las cosas no le van bien porque en 1907 le rematan la propiedad judicialmente por deudas a Luis Brion. Lo compra don Plácido Gagnó, padre de María.
Entre tanto, ya había escriturados más de media docena de lotes. En 1904 hay dos que constan estar edificados. Murúa, Moncada, Hidalgo están entre los primeros compradores. En 1905, viene don Luis Debanne quien con sus socios comanditarios Ross y Gelos establece la casa de ramos generales que fue por muchos años la más importante. En ese mismo año don Julio Trullet le vende a Abelardo Domínguez una fracción en la esquina del lote 7, fuera del trazado del pueblo, quien más tarde a su vez vende un pedazo a Fernando Mura, adonde después se instala la Casa Cantón, hoy propiedad de Mario Calvo.
En 1906 se escritura la donación para la escuela. Y se nombra la primera maestra. La Cía de Tierras del Gran Sud de Córdoba y Santa Fe, que era propietaria de los lotes 52 al 55, y había vendido antes lo que ocupa el ferrocarril, traza 8 manzanas y varias quintas que comienza a vender en “el progresista pueblo de Los Cisnes al Sud”. Así lo dicen los anuncios que indican que para concretar negocios, hay que verse con el jefe de la estación.
En ese mismo año el Barón de Marchi, yerno de Roca crea en lo que hoy es el 10 de Julio, la Colonia Julio Antonio. Aunque nadie le daba ese nombre, sino “el campo del Barón”. Edifica lo que fue la “Casa Blanca” y ahora nominamos Las Piedritas y se lo alquila para que instale otro negocio a la firma López, Cuevas, Larrandaburu y Cía., que así lo hacen pero no duran muchos años. También el Barón gestiona y obtiene del F.C. la construcción de un desvío frente al casco de la estancia que comienza a funcionar en 1907, y donde construye dos importantes galpones de acopio. En ese año inicial despachan 1500 tt. de cargas (cereales), 2 ó 3000 cada año siguiente. Desde la estación de Los Cisnes, salía el doble aproximadamente. Durante la década del 10 el campo del Barón y las otras estancias se llenan de chacareros, en el pueblo se hacen ladrillos y se edifica.
Para el 20 el progreso estaba instalado. Funcionaba la escuela provincial con un centenar de alumnos, hubo otra particular en la parte sur del pueblo y algunos años otra confesional, con un maestro evangelista. Se crea la Sociedad Italiana , hay clubes deportivos de no mucha duración, salvo Unión (que nos dejó las sillas plegadizas de chapa y los trofeos que ya desaparecieron). Se da cine y se hace teatro. Viene el primer médico estable, doctor Savon Salaberry. Se ponen varios surtidores de nafta. El puente sobre el Río Cuarto facilita la conexión con las estancias Las Trincheras y La Luna. Dos importantes talleres mecánicos, don Constante Scodelari y Hugo Ongaro. La existencia de la usina eléctrica lo atrae a don Saturnino Cantón que empieza con lo de Mura, almacén y despacho de bebidas, pero poco después con su cuñado Bautista Bongiovanni agregan la Agencia YPF , camiones de transporte, acopio de cereales, venta de máquinas agrícolas. En este rubro consigue, ya en el 30, que en el campo del Barón permitan cosechar con cortaitrillas Baldwin lo que marca la rápida declinación del sistema de emparvar y trillar. Debanne levanta un nuevo galpón de acopio dentro del F.C. Don Segundo Arce mantiene algunos pocos clientes recibiéndole el cereal en el “alto nivel”. Al asociarse don Gregorio Iparraguirre con Cantón, Arce deja el rubro.
La crisis del 30, económica y política también llega a Los Cisnes. Se ven pasar linyeras en todos los trenes cargueros. Lo matan a Vera, la policía o un caudillo radical. Empleado ferroviario al que tildaban de anarquista. Viene el doctor Muratorio que no sólo trae nueva medicina sino también la radio. Las arma y las instala. Lo reemplaza Dragone que al enamorar a Berta Debanne se arraiga en el pueblo. Él crea la sala de primeros auxilios, trae las primeras Holando con lo que afianza los tambos. La gran cosecha de 1937/38 revitaliza la economía. Ese año se despachan 22.000 tt. de cereal. La guerra del 39 en Europa crea dificultades de abastecimiento, genera grandes problemas con el almacenamiento del maíz, pero a su vez impulsa otras actividades y llega el decenio del 40 con la Municipalidad , la Cooperativa Tambera.
Finalizada la guerra, construida la ruta 8 comienza una época contradictoria. Se modernizan muchas cosas, mientras, por ejemplo, el ferrocarril se pervierte. Localmente, se edifica la iglesia, la Sala se transforma en Dispensario, la vieja usina eléctrica en la progresista Cooperativa, pero comienza el éxodo hacia las ciudades. Desde el 50 el país esquilma al campo (un reciente trabajo encargado por la Secretaría de Agricultura de la Nación cuantifica la transferencia de recursos en ........ millones de dólares en los últimos .... años) con un proyecto que comenzó imaginando una tercera guerra mundial que hubiera colocado al país en una situación privilegiada entre las naciones. La guerra no se dio y cada vez nos distanciamos más de los países que se desarrollan. Salvo cortos intervalos (Frondizi-Lanusse) el campo sigue subvencionando otras actividades. La producción agropecuaria pierde importancia frente a los servicios que se prestan desde las ciudades y así decaen nuestros pueblos. Los Cisnes está entre los 500 que luchan por sobrevivir.
Lo ocurrido en los últimos veinte años está en la memoria de todos los pobladores. El apellido Senn, el del creador del pueblo, vuelve a tener relevancia después de tres generaciones, con Ricardo en la Municipalidad y Rodolfo en la escuela y la cooperativa.
En caso de transcripciones se ruega mencionar la fuente.
Febrero de 2003
Aldo Hugo Cantón